Como todos, a una edad demasiado temprana me vi impelida a decidir qué quería estudiar o, lo que era casi lo mismo en aquel entonces, a qué quería dedicar mi vida. Yo tenía considerable lio entre la Biología, la Filosofía y la Psicología; vamos, que me interesaba la vida, el saber y el alma humana. Lo que tenía claro era que me intrigaba entender al Ser Humano, incluido el ser humano que era y soy. La historia acabó con una licenciatura en Psicología, otra en Filosofía, un doctorado en Psicología y casi 25 años dedicada a la docencia y la investigación en el ámbito de la Psicobiología (o Neurociencia, si te resulta más familiar).
Mi pasión por lo que hacía y hago me ha llevado a profundizar en la Psicología mediante diversas formaciones de máster y postgrado, como podéis ver más abajo. Me gustaría compartir con vosotr@s que la que realmente marcó para mí la diferencia, la que supuso un antes y un después en mi vida, fue el Máster en Psicoterapia Integradora Humanista. Por fin encontraba un modelo que encajaba con mi manera de entender el mundo y la vida, que respetaba al máximo la persona y que me aportaba un marco teórico en el que todo acoplaba como las piezas de un puzzle.
Después, centré mi interés en la dimensión más corporal de la terapia, en el cuerpo como instrumento y lugar donde transcurre un encuentro entre personas. ¿Por qué el cuerpo? Porque descubrí que con mi mente puedo buscar las excusas más convincentes y, sin embargo, con mi cuerpo puedo experimentar la honestidad más demoledora. El cuerpo tiene una información valiosísima a la que deberíamos aprender a darle el valor que le corresponde. No pretendo decir que sólo debamos seguir el cuerpo. Tampoco sólo el corazón, pero desde luego, no deberíamos seguir sólo la mente. La mente no piensa bien si lo hace sin corazón y si no le pone el cuerpo. Precisamos aprender a escuchar e integrar los diferentes lenguajes que habitan en nosotr@s.
La mente, el corazón y el cuerpo hablan cada uno su lenguaje (pensamiento, emoción e intuición), aprenderlos es básico para nuestro desarrollo como seres humanos auténticos que expresan todo su potencial en el mundo con sinceridad y armonía, entendiendo que tod@s somos lo mismo y diferente, que somos seres únicos que brillan con luz propia, que tienen en cuenta al otro como parte de sí mism@s y respetan su propio desarrollo en pro de un bien común.
Para los curiosos: Me gusta descubrir otros intereses más allá de los profesionales como la filosofía, la astrología psicológica, el teatro, el sentido del humor, las risas, los animales, el mar, el campo, un buen encuentro con l@s amig@s, el sol, la lluvia,….la vida.
Koroko es un espacio creado para acompañarte en tu proceso de crecimiento, bienestar y autoconocimiento. Creemos que cada persona posee una sabiduría interna capaz de guiar su propio cambio, y nuestro propósito es ofrecerte un entorno seguro, cercano y humano donde puedas reconectar contigo mism@.
Koroko nace como un espacio de encuentro, acompañamiento y transformación. Un lugar donde puedes detenerte, respirar y volver a ti. Donde el cuidado de la mente, el cuerpo y las emociones se entrelazan para favorecer un bienestar más pleno y auténtico.
Nuestra filosofía se basa en un modelo integrador de enfoque humanista, que reconoce a la persona como un ser completo —mente, cuerpo, emoción y espíritu—, como una totalidad compleja, viva y en constante evolución. Desde esta mirada, integramos diferentes corrientes psicológicas y modelos corporales de intervención, entendiendo que el cuerpo también guarda historias, emociones y recursos que pueden ser transformadores en el proceso terapéutico. Creemos que cada persona posee dentro de sí los recursos necesarios para sanar, aprender y crecer, y que la labor terapéutica consiste en facilitar el acceso a esa sabiduría interior desde la presencia, la empatía y la autenticidad.
En Koroko, el camino hacia el bienestar se construye desde la presencia, la escucha y el respeto profundo por tu ritmo y tu experiencia. Acompañamos desde una mirada que honra la unicidad de cada proceso. No hay recetas ni caminos prefijados: cada experiencia terapéutica se construye a partir de la historia, las necesidades y el ritmo personal de quien la transita. Por eso, integramos herramientas de diferentes corrientes psicológicas —principalmente humanistas— junto con modelos corporales de intervención, que invitan a escuchar el cuerpo como una fuente de conciencia y transformación. El cuerpo guarda memorias, emociones y gestos de nuestra historia; al atenderlo y habitarlo, abrimos la posibilidad de comprendernos de un modo más profundo y de liberar aquello que limita nuestro bienestar.
Koroko es, sobre todo, un espacio para estar y ser. Para explorar con curiosidad, para reconocerte con amabilidad y para cultivar una relación más consciente contigo y con los demás.
Aquí te damos la bienvenida tal como eres, con todo lo que traes y con todo lo que aún está por descubrir.
Además de las sesiones on-line que ofrezco, colaboro también con distintos centros. Para mí, colaborar con estos espacios es un placer que me permite poner en práctica todo lo aprendido y contribuir, espero, a hacer entre tod@s un mundo diferente en el que tod@s podamos desarrollar nuestro Ser en libertad y armonía.